martes, 3 de enero de 2012

CUESTIÓN DE ACTITUD ANTE LA VIDA

Esta historia la escribo básicamente dedicada a aquéllas personas mayores y que sienten que su vida, lo más importante, lo mejor de la misma, está en el pasado.  En Latinoamérica a veces, tendemos a tener, tal vez por ser una región demográficamente tan joven, una actitud deque a partir de cierta edad, ya jugamos, ya trabajamos, ya corrimos y nos conformamos con existir y ver el transcurrir de la vida frente a nuestros ojos pero sin ser verdaderos protagonistas.


 Escribo esta pieza esperando que inspire y mueve a todos, especialmente a aquéllos no tan jóvenes que tienen una mala actitud de muertos en vida.  Porque honestamente la vida no termina hasta que no termine, hasta que no demos el último respiro.  Y hasta entonces, nuestra historia no está totalmente escrita ni terminada.


 Y cada uno puede tomar esta historia y observarla, analizarla y asumirla desde distintas aristas, lo admirable para mí de Karin es que pone una cara atractiva, un contenido envidiable, un dinamismo apabullante y un legado impactante a una persona que va para los 70 años. 


 Con una sociedad tan obsesionada con la juventud, como en la que vivimos hoy, la cara de la vejez que nos presenta Karin, es bella, es rica y es reconfortante, la transforma en algo totalmente deseable y pleno…


 Conocía Karin Shipman en un viaje a Buenos Aires en un congreso.  Ibamos en un bus que nos trasladaría al museo Melba y me llamó la atención cuando me la presentaron por ser una señora mayor y excepcionalmente bella y fresca.  Exudaba confianza y seguridad, irradiaba energía y juventud, pese a sus canas.  Yo pensé cuando la ví por primera vez: “así me gustaría lucir cuando tenga su edad”. 


 Empecé a conversar con ella y en los minutos del recorrido me enganchó.  No pude resistirla, e inconscientemente empecé a entrevistarla.  Ella fue generosa en abrirse y compartir su vida, y aquí se las dejo.
Ahora mi tarea es fotografiárselas a ustedes con un propósito, ella es un modelo para muchas mujeres que a esa edad sienten que tienen poco que aportar a la sociedad.  Karin vive intensamente y a sus 64 años es un ejemplo de que la vida no termina hasta que no termine.
 Karin se define como diseñadora, empresaria, madre, esposa, viuda, mujer de origen alemán, entre otras definiciones más, pero para conocerla, mejor se las describo sin definirla.  Creo que de esa forma haré una mejor tarea. 

 Karin estudió unos cursos de diseño gráfico antes de casarse, pero nunca terminó su educación formal, se casó siendo muy joven, enviudando muy joven también.  A los 38 años perdió a su esposo (de nacionalidad norteamericana, que trabajaba en el ejército) de un ataque al corazón fulminante que la dejó como la única responsable de sus dos hijos: Tanya en ese momento de 18 y Tod de 15, con una pequeña casa que tenía hipotecada y una pensión que no alcanzaba para sufragar los gastos cotidianos. 


 Ella recuerda como su padre en ese momento le aconseja; “Karin debes pensar en volver a casarte” “eres joven y tienes que pensar en el bienestar de tus hijos”.


 Pero Karin decidió tomar un camino diferente al que le señalaba su papá, reunió a Tanya y Tod y les dijo; “necesito que entiendan que solo somos nosotros tres de ahora en adelante y que tengo que ser mamá y papá a la vez”.  “No puedo seguir siendo la mamá que hasta ahora han conocido, tengo que trabajar bien duro porque están a punto de entrar a la universidad y no tengo cómo financiarlo.  Necesito su apoyo y comprensión”.  Y Karin cuenta que la tuvo.


 Ella sintió en ese momento decisivo que lo que amaba hacer en la vida era diseñar, así que llamó a sus amistades y les anunció que empezaría a hacer tarjetas de invitación diseñadas por ella y que por favor corrieran la voz.  Ella confió que eso sería el inicio de su desarrollo profesional que hasta ese momento había estado algo olvidado.  Arrancó, y su negocio fue desarrollándose en ese segmento como ella lo había esperado.


 Lo que ella nunca buscó ni se esperó, es que uno de sus clientes de tarjetas que trabajaba en el Banco Mundial,  la contrató para que le hiciera la papelería para un proyecto del Banco.  Ella se esmeró y lo concretó exitosamente, sin darse cuenta, el negocio dio un giro y pronto estaba atendiendo clientes institucionales diseñando logos, haciendo folletos, boletines, brochures y papelería e incluso incursionando en conceptos y servicios mucho más complejos como diseño de campañas de comunicación.


 Al principio hacía malavares para hacer todo, no tenía capital de trabajo para contratar empleados, pero esta creativa empresaria tuvo una idea, buscó estudiantes de diseño que quisieran trabajar gratis a cambio de ganar experiencia, y los consiguió!


 Cuando el negocio creció en escala, puedo contratar a algunos de estos estudiantes para que fueran sus primeros empleados.  La empresa creció, se transformó y se convirtió en una de las más reconocidas en Washington DC. 
Studio Grafik Studio Grafik websiteha provisto de soluciones creativas en el norte de Virginia, Maryland y Washington D.C por más de 25 años ya.  La firma ha desarrollado productos y servicios de comunicación por la que ha sido premiada, para varias firmas privadas, ONG´s y asociaciones internacionales varias.


 Al consultarle cómo logró ser tan exitosa, dar el salto y crecer, ella abiertamente atribuye su éxito a “amar profundamente lo que hacía” y ser una buena vendedora.


 Explica que ella no sabía nada de cómo manejar un negocio pero se fue entrenando conforme lo fue necesitando en el camino.  Financieramente dice que para despegar o dar el salto le ayudó tomar una segunda hipoteca sobre la pequeña casa que había heredado de su esposo.


 Después de que sus hijos salieron de la universidad, y luego de 20 años de haber iniciado el negocio, decidió venderlo a sus empleados.  Hoy su hija es médico y su hijo tiene un PhD en Geología y Karin es una mujer plena, feliz, estable financieramente y para los que se la imaginan en un retiro en su casa contando historias plácidamente mientras descansa, les cuento que su vida sigue teniendo emoción, pasión y cambio.


Hoy viaja recorriendo el mundo, sigue amando lo que hace porque sigue diseñando y enseñando a mujeres pobres en el mundo cómo incorporar diferentes diseños, colores, texturas, a sus técnicas tradicionales para que logren ingresar a los mercados internacionales.


 Se volvió a casar pero no por necesidad financiera, sino por amor.  Su esposo la acompaña en algunos de sus viajes hoy y le alegra las tardes y noches que según cuenta son lo más difícil en las condiciones inhóspitas en las que ella viaja.  “En las ocasiones que visitó Guatemala por ejemplo”—me comentaba Karin – “no tener teléfono, televisión, ni luz, lo hace a uno sentirse muy solo.  La soledad es terrible al final del día.  Hace calor y los zancudos se lo comen a uno, y el cansancio del día es fuerte, sobre todo porque para acceder a las comunidades en las que trabajamos a veces hay que caminar mucho, escalar.  Es un trabajo físicamente demandante.  Al final del día estoy cansada y sin energías para nada.  Pero poder compartir, conversar y sentirme acompañada al final de la jornada con alguien que amo, ¡es reconfortante!


 Ella creó “Egi Development” (significa una brillante idea en alemán) y ahí ella mezcla sus diseños creativos e ideas que la hicieron tan exitosa con su generosidad y profundo deseo de ayudar y trascender a través de las manos de otras mujeres, que como ella alguna vez lo fue, muchas veces son jefas de familia, mamá y papá a la vez.


 Terminamos la entrevista abruptamente porque iniciaba la sesión del congreso.  Ella terminó su historia con la siguiente anécdota. 


 Fíjese que estando en Africa, una mujer me extendió la mano con un porta vasos que había elaborado y que era bastante rudimentario y sencillo.  La mujer me miró a los ojos y me dijo: “Gracias porque gracias a usted soy alguien, soy esto, y la mujer agitaba en la mano enseñándole  a Karin su porta vasos.”


 Karin no entendió muy bien lo que la mujer quería decir contestando, que ella pensaba que el porta vasos no la definía, que antes de elaborarlo era una mamá y una esposa. 


 La mujer después de oír a Karin, movía la cabeza con un no rotundo:  “no, yo no soy casada, yo soy viuda”.  “Pero antes de conocerla yo no era nada, ahora soy esto”. 


Karin no sale de su asombro y decide contestarle: “Yo también soy viuda, somos iguales”.  Y ambas sonríen con una mirada de profunda complicidad.


 Lo que Karin no supo como compartir con la mujer africana pero para mi es evidente, es que ambas tienen en común además de la viudez y la maternidad.  Ambas están unidas por la seguridad y felicidad que se genera en ellas mismas a través de su proceso de autodefinición creativa.


 Para Karin su creatividad y trabajo la convirtieron en un instrumento de cambio, de mejora de sustento en la vida de su propia familia y en la vida de las familias de las mujeres que toca hoy en día.  Y a través de ese proceso ella es y ha sido feliz y se siente realizada. 


 La africana, en su difícil realidad tan distante aparentemente a la de Karin, en esos minutos en que sostiene en sus propias manos el fruto de su trabajo, siente el poder que éste le da.  Es dueña de su destino, y como Karin, siente la fuerza interior para lograr sus sueños porque siente que tiene el destino en control de sus propias manos.  Y en eso, no hay distancia, como seres humanos.

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